Contigo

Aprender a tratarte con más compasión

Por Maryana Morgado · · 3 min de lectura

Terraza cubierta con sillas de madera alrededor de una mesa baja y vegetación al fondo

Imagina que una amiga te llama llorando porque se equivocó en el trabajo. ¿Qué le dices? Probablemente algo como: «Tranquila, le pasa a cualquiera. ¿Qué puedes hacer ahora para arreglarlo? No eres menos por esto». Ahora piensa en lo que te dices a ti cuando te equivocas. Para mucha gente, la diferencia es enorme: «Eres una inútil. Siempre igual. ¿Cómo no te diste cuenta?».

Esa diferencia es el punto de partida de la autocompasión.

Qué es y qué no es

La autocompasión es tratarte con la misma comprensión que tendrías con alguien a quien quieres cuando lo está pasando mal o se ha equivocado. Tiene tres partes que conviene distinguir:

  • Amabilidad en lugar de juicio. Hablarte con un tono justo, no cruel.
  • Humanidad compartida. Recordar que equivocarse y sufrir es parte de la vida de todo el mundo, no una prueba de que algo falla en ti.
  • Atención plena. Reconocer lo que sientes sin exagerarlo ni negarlo.

Y también conviene saber lo que no es:

  • No es lástima. No se trata de regodearte en lo mal que estás.
  • No es excusa. Tratarte con compasión no significa no asumir lo que hiciste. Al contrario: es más fácil asumir un error cuando no te vas a destruir por ello.
  • No es pereza. El miedo de mucha gente es que, si dejan de exigirse, se van a quedar quietos. Suele pasar lo contrario.

Por qué cuesta tanto

Muchas personas aprendieron de pequeñas que la dureza consigo mismas era la forma de mejorar. Que si no se castigaban por un error, lo repetirían. Que ser exigente era ser responsable. A veces esa voz dura es una copia de la de un padre, una madre o un profesor. A veces es una estrategia que se inventaron para sobrevivir en un entorno donde equivocarse tenía consecuencias graves.

Esa voz se creía útil. El problema es que, con los años, la dureza deja de motivar y empieza a paralizar. Si cada error va a ser castigado con crueldad, lo más seguro es no intentar nada.

Cómo empezar

Escuchar cómo te hablas

Durante una semana, presta atención a lo que te dices cuando algo sale mal. No intentes cambiarlo todavía, solo observa. Si puedes, anota las frases exactas. Muchas personas se sorprenden de la crueldad de su propio lenguaje cuando lo ven escrito. Esto conecta con observar un pensamiento no significa creerlo.

Preguntarte qué le dirías a otra persona

Cuando notes que te estás hablando con dureza, pregúntate: si esto le pasara a alguien a quien quiero, ¿qué le diría? Luego intenta decírtelo a ti. Al principio sonará falso. Es normal: es un idioma nuevo.

Reconocer el dolor en una frase

En momentos difíciles ayuda una frase sencilla que reconozca lo que pasa sin dramatizar: «Esto está siendo muy difícil». «Me duele.» «Estoy agotada.» Decirlo, en voz alta o por escrito, ya es un acto de cuidado.

Recordar que no eres la única

Cuando te equivocas, la mente tiende a aislarte: «a nadie más le pasa esto». Recordar que es una experiencia humana común, que muchas personas sienten lo mismo, reduce la vergüenza.

Un gesto físico

Puede sonar raro, pero poner una mano en el pecho o en el brazo cuando estás mal ayuda a que el cuerpo registre el cuidado. No es magia; es darle al cuerpo una señal de que alguien está contigo, aunque ese alguien seas tú.

Autocompasión y responsabilidad

Una duda frecuente: si me trato con compasión, ¿no voy a dejar de hacerme cargo de mis errores? La experiencia dice que no. Cuando un error no te va a destruir, puedes mirarlo de frente, aprender de él y repararlo. Cuando un error significa que eres una persona horrible, la tendencia es esconderlo, justificarlo o no pensar en él. La compasión hace posible la responsabilidad. Hay más sobre esta distinción en culpa y responsabilidad no son lo mismo.

Un trabajo de tiempo

Cambiar la forma en que te hablas no se consigue en una semana. Esa voz lleva años contigo. Pero cada vez que la notas y eliges responder distinto, la nueva forma se fortalece un poco. Con el tiempo, la voz dura sigue apareciendo, pero ya no es la única.

Si la forma en que te tratas te está haciendo daño, trabajarlo con alguien ayuda a ver de dónde viene y a ensayar otra manera. Es uno de los temas centrales de autoestima y autocompasión.

Maryana Morgado

Escrito por Maryana Morgado, que acompaña por llamada de WhatsApp a personas en Venezuela y a venezolanos repartidos por medio mundo.

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