Hay personas que se sienten culpables de casi todo. De que su madre esté sola, de que su pareja esté de mal humor, de que el proyecto no salga, de que su hermano no la llame. Y suelen pensar que eso las hace especialmente responsables. Que sentir culpa es la prueba de que les importa.
Pero culpa y responsabilidad no son lo mismo. De hecho, muchas veces funcionan al revés: cuanta más culpa, menos capacidad de responder.
La diferencia
La culpa mira hacia atrás. Se pregunta qué hiciste mal, revisa lo que podrías haber hecho distinto y concluye algo sobre ti: «soy mala hija», «soy egoísta», «todo lo hago mal». Es un juicio sobre quién eres.
La responsabilidad mira hacia adelante. Se pregunta qué te toca hacer ahora, qué puedes reparar, qué está en tu mano y qué no. Es una pregunta sobre qué hacer.
Con la culpa no hay salida: ¿qué haces con «soy mala hija»? Con la responsabilidad sí: «voy a llamar a mi madre el domingo», «voy a pedirle a mi hermano que vaya él esta semana», «voy a decirle que lo siento».
Por qué se confunden
Muchas personas crecieron en entornos donde la culpa se usaba para educar. «Mira lo que le hiciste a tu madre.» «Por tu culpa estamos así.» Aprendieron que sentirse mal era la forma correcta de responder a un problema. Y que si no te sientes mal, es que no te importa.
También hay algo más sutil. La culpa, aunque duela, da una sensación de control. Si algo malo pasó por tu culpa, entonces podrías haberlo evitado, y la próxima vez lo evitarás. Es más soportable que aceptar que había cosas que no dependían de ti.
Tres preguntas para pasar de una a otra
Cuando notes culpa, prueba con estas preguntas, por escrito si puedes:
¿De qué me siento culpable, exactamente?
No vale «de todo». Hay que llegar a algo concreto. «Me siento culpable de no haber ido a ver a mi padre al hospital.» «Me siento culpable de haberle gritado a mi hijo.»
¿Qué parte de esto dependía de mí?
Aquí hay que ser honesta, en los dos sentidos. A veces sí hiciste algo que causó daño, y reconocerlo es importante. Otras veces la culpa está asumiendo cosas que no estaban en tu mano: no podías viajar, no podías saber, no podías cambiar la decisión de otro.
¿Qué puedo hacer ahora?
Si había una parte tuya, ¿se puede reparar? Pedir perdón, cambiar algo, compensar. Si no había una parte tuya, ¿qué necesitas para soltar esa carga? A veces es hablarlo con alguien, a veces escribirlo, a veces simplemente reconocer que te dolió no poder hacer más.
Un ejemplo inventado, pero muy reconocible
Laura vive en Lima. Su madre, en Valencia, se cayó en casa y estuvo un día entero sin que nadie lo supiera. Laura siente una culpa enorme: «si yo estuviera allí, esto no habría pasado».
Desde la culpa, Laura se castiga, no duerme, piensa en dejarlo todo y volver.
Desde la responsabilidad, Laura se pregunta qué puede hacer: hablar con una vecina para que pase a ver a su madre cada día, organizar con su hermano un sistema de llamadas, valorar si su madre puede tener a alguien que la acompañe unas horas, plantearse en serio si quiere volver o no, pero como decisión y no como castigo.
La caída no fue culpa de Laura. Lo que pase a partir de ahora sí puede ser, en parte, responsabilidad suya. Y esa responsabilidad es algo que puede hacer.
Cuando sí hay algo que reparar
No se trata de librarse de toda culpa. Si hiciste daño a alguien, la incomodidad que sientes es una señal útil. La diferencia está en qué haces con ella. Una culpa sana te lleva a reparar: reconocer, pedir perdón, cambiar. Una culpa tóxica te lleva a castigarte indefinidamente sin reparar nada. Para que la reparación sea posible, ayuda mucho tratarte con cierta compasión; lo explica aprender a tratarte con más compasión.
Soltar lo que no es tuyo
Para mucha gente, el trabajo más difícil es el de soltar las culpas que no les corresponden. Sobre todo cuando vienen de la familia, de la migración o de una pérdida. Esas culpas suelen estar muy enredadas con el amor, y soltarlas a veces se siente como querer menos. No lo es. Es querer de una forma que no te destruye.
Si sientes que cargas con culpas que no te dejan vivir, es un tema que se trabaja a fondo en culpa y responsabilidad.

Escrito por Maryana Morgado, que acompaña por llamada de WhatsApp a personas en Venezuela y a venezolanos repartidos por medio mundo.



