Hay una distinción muy antigua que sigue siendo de las más útiles para la vida diaria: algunas cosas dependen de ti y otras no. Dicho así suena sencillo, casi de sentido común. Pero si revisas en qué se te va la energía en un día cualquiera, es probable que descubras que buena parte se va en cosas que no puedes cambiar.
Dónde se va la energía
Piensa en tus últimas preocupaciones. Probablemente aparezcan cosas como estas:
- Que tu pareja cambie su forma de ser.
- Que tu madre deje de criticarte.
- Que la economía mejore.
- Que tu jefe reconozca tu trabajo.
- Que tu hermano asuma su parte.
- Que la gente piense bien de ti.
Todas son legítimas. Ninguna depende de ti. Puedes influir en algunas, pero no controlarlas. Y cuanto más energía pones en controlar lo que no depende de ti, más frustración y cansancio acumulas, porque el resultado nunca está en tu mano.
Lo que sí depende de ti
Frente a esa lista, hay otra mucho más modesta pero más poderosa:
- Lo que dices y cómo lo dices.
- Lo que haces con tu tiempo.
- Lo que pides y lo que aceptas.
- Los límites que pones.
- A quién dedicas tu atención.
- Cómo cuidas tu cuerpo y tu descanso.
- Qué haces después de que algo sale mal.
Esta segunda lista no garantiza resultados. Pero es el único sitio desde donde puedes actuar.
El ejercicio
Toma una hoja y dibuja tres círculos concéntricos.
En el centro, escribe lo que depende completamente de ti en la situación que te preocupa. Tus acciones, tus palabras, tus decisiones.
En el círculo de en medio, lo que no controlas pero en lo que puedes influir. Por ejemplo, cómo responde tu pareja a una conversación: no depende de ti, pero cómo la planteas sí influye.
En el círculo de fuera, lo que no depende de ti en absoluto. La economía, el pasado, las decisiones que otros ya tomaron, el carácter de otra persona.
Luego pregúntate: ¿dónde estoy poniendo mi energía ahora mismo? ¿Y dónde debería ponerla?
Lo habitual es descubrir que se gasta mucho en el círculo de fuera y poco en el centro.
Un ejemplo
Imagina que tu hermano no ayuda con el cuidado de sus padres. Lo que no depende de ti: que tu hermano sea más responsable, que cambie su carácter, que vea las cosas como tú.
Lo que puede depender en parte: cómo le pides ayuda. Una petición concreta («¿puedes llevar a papá al médico el martes?») tiene más posibilidades que un reproche general («nunca haces nada»).
Lo que depende completamente de ti: qué estás dispuesta a hacer tú, qué no, cómo te organizas, a quién más puedes pedir ayuda, si buscas apoyo externo.
Cuando la energía pasa del primer círculo al centro, la situación no se resuelve por arte de magia, pero tú dejas de sentirte atrapada.
Aceptar no es resignarse
Una objeción frecuente: «si acepto que no puedo cambiar algo, me estoy rindiendo». No exactamente. Aceptar que algo no depende de ti no significa que te guste ni que estés de acuerdo. Significa que dejas de gastar fuerzas en pelear contra la realidad, para usarlas en lo que sí puedes mover.
La resignación es pasiva: «no se puede hacer nada». La aceptación es activa: «esto no lo puedo cambiar, así que voy a concentrarme en esto otro».
Lo que cuesta soltar
A veces lo más difícil de soltar es la esperanza de que el otro cambie. Llevamos años esperando que una madre, una pareja o un hermano se den cuenta, reconozcan, cambien. Dejar de esperar duele, porque se parece a perder algo. Pero también libera: cuando dejas de esperar, puedes decidir qué haces tú con lo que hay. Hay más sobre esto en cómo dejar de esperar que el otro cambie primero.
Para el día a día
Una pregunta rápida que puedes hacerte cuando notes que la preocupación te está desbordando: «¿hay algo que pueda hacer ahora mismo sobre esto?». Si la respuesta es sí, hazlo, aunque sea pequeño. Si es no, apúntalo en algún sitio para revisarlo después y vuelve a lo que tienes delante.
Si te cuesta distinguir qué te toca y qué no, sobre todo en situaciones familiares o de pareja, es algo que se trabaja muy bien en sesión. A veces basta con que alguien de fuera te ayude a dibujar los círculos con tu situación concreta.

Escrito por Maryana Morgado, que acompaña por llamada de WhatsApp a personas en Venezuela y a venezolanos repartidos por medio mundo.



