Familia

El agotamiento de ser la fuerte de la familia

Por Maryana Morgado · · 3 min de lectura

Mesa de madera con una planta en maceta, una taza y un libro junto a una ventana

En casi todas las familias hay alguien que sostiene. La que organiza las fiestas y también los funerales. La que sabe dónde están los papeles, qué medicina toma cada uno y a quién hay que llamar. La que no se derrumba cuando todos se derrumban. La que escucha los problemas de todos y nunca cuenta los suyos.

Si eres tú, probablemente lleves años así. Y probablemente estés más cansada de lo que nadie imagina, incluida tú.

Cómo se llega a ese papel

Casi nunca se elige. Suele asignarse pronto, a veces en la infancia. La hija mayor que tuvo que cuidar a los hermanos. La que vio a su madre desbordada y decidió no darle más problemas. La que descubrió que ser útil era la forma más segura de ser querida. La que, cuando la familia atravesó una crisis, dio un paso al frente porque alguien tenía que hacerlo.

Y una vez asumido, el papel se refuerza solo. Los demás se acostumbran a que tú resuelvas. Tú te acostumbras a resolver. Y cuanto más resuelves, menos espacio queda para que otros lo hagan.

Lo que cuesta

Ser la fuerte tiene un precio que pocas veces se ve:

  • No poder estar mal. Si tú caes, ¿quién sostiene? Así que no caes, aunque lo necesites.
  • Soledad. Escuchas a todos, pero nadie te escucha a ti. A veces porque no lo cuentas; a veces porque, cuando lo cuentas, nadie sabe qué hacer con una fuerte que flaquea.
  • Resentimiento. Hacia los hermanos que no ayudan, hacia la pareja que no ve, hacia los padres que siguen pidiendo. Y culpa por sentirlo.
  • Pérdida de ti. Después de tantos años ocupándote de los demás, a veces no sabes qué quieres tú.
  • El cuerpo. Dolores, insomnio, cansancio crónico. El cuerpo acaba diciendo lo que la boca calla.

La trampa de la fortaleza

Hay algo engañoso en la palabra «fuerte». Suena a elogio, y lo es en parte. Pero también funciona como una jaula. Si eres la fuerte, no puedes pedir ayuda. Si eres la fuerte, no puedes decir que no. Si eres la fuerte, tus necesidades pasan siempre a segundo plano.

La verdadera fortaleza no es aguantarlo todo. Es saber cuándo parar, cuándo pedir, cuándo soltar.

Por dónde empezar a soltar

Reconocer el cansancio

Parece obvio, pero muchas personas que sostienen a su familia no se permiten admitir que están agotadas. Decirlo, aunque sea solo a ti misma o por escrito, es el primer paso.

Dejar un hueco sin llenar

La próxima vez que surja algo en la familia, no te ofrezcas de inmediato. Espera. Deja que otro dé el paso. Al principio será incómodo, y es posible que nadie lo haga. Pero si siempre llegas tú primero, nadie más tendrá la oportunidad.

Pedir algo concreto

No «necesito más ayuda», que es fácil de ignorar. Algo concreto: «¿puedes encargarte tú de llevar a mamá al médico este mes?». Las peticiones concretas son más difíciles de esquivar.

Contar algo tuyo

A alguien de confianza. No un problema práctico, sino algo de cómo estás. Permitir que alguien te vea vulnerable es aterrador para quien siempre ha sido fuerte, y también profundamente aliviador.

Recuperar algo solo para ti

Una hora a la semana, una actividad, un espacio. Algo que no sirva a nadie más que a ti. Y defenderlo como defenderías las necesidades de los demás.

Para quien sostiene desde lejos

Muchas venezolanas fuera del país son las fuertes de la familia a distancia: mandan dinero, organizan desde el teléfono, median entre hermanos, resuelven crisis a horas imposibles. Es un agotamiento particular, porque además se suma la culpa de no estar. Hay más sobre esto en cuando tu familia depende de lo que mandas.

Dejar de rescatar

Una de las ideas que más ayuda a quien sostiene a todos es distinguir entre acompañar y rescatar. No todo lo que haces por los demás les ayuda; a veces les impide crecer y a ti te agota. Lo explica diferencia entre acompañar y rescatar.

Si te reconoces en este artículo, quizá ha llegado el momento de que alguien te escuche a ti. Es lo que se trabaja en agotamiento de cuidar a todos.

Maryana Morgado

Escrito por Maryana Morgado, que acompaña por llamada de WhatsApp a personas en Venezuela y a venezolanos repartidos por medio mundo.

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