Con los demás

Relaciones y pareja

Para cuando la relación se ha vuelto un terreno que pisas con cuidado, o cuando ya no sabes si lo que sientes es amor, costumbre o miedo a estar sola.

Dos sillas de madera con cojines enfrentadas sobre una alfombra de yute, junto a una ventana y una estantería

Lo que suele traer a las sesiones

Casi nunca es un solo problema. Es una sensación general de que las cosas no están bien y una serie de escenas que se repiten:

  • Discusiones que empiezan por algo pequeño y terminan en lo de siempre.
  • Silencios que duran días y que nadie rompe.
  • La sensación de hablar con una pared, o de tener que medir cada palabra.
  • Celos, desconfianza o reproches que vuelven una y otra vez.
  • Una distancia que fue creciendo sin que nadie la eligiera.
  • La pregunta de si seguir o no, que lleva meses abierta.

Un trabajo individual

Las sesiones son individuales: trabajas tú, aunque hables de tu relación. Puede parecer una limitación, pero tiene una ventaja enorme. No dependes de que la otra persona quiera venir, y te concentras en lo único que de verdad controlas, que es tu parte.

Eso no significa que la culpa sea tuya. Significa que, cambie o no la otra persona, tú puedes cambiar cómo respondes, qué toleras, qué pides y qué decides. Y cuando una parte de la pareja cambia de verdad, la relación entera se mueve, para bien o para dejar claro que no tiene arreglo.

Qué se trabaja

Cómo discuten. No de qué, sino cómo. Quién sube el tono, quién se retira, quién saca el pasado, qué frase hace que todo explote. Ver la coreografía permite cambiar un paso. Para los días difíciles hay una guía en qué hacer después de una discusión fuerte.

Lo que no se dice. Muchas peleas son sobre otra cosa: sobre sentirse sola, poco valorada, o con miedo a perder a la otra persona. Ponerle palabras a eso cambia el tono de la conversación.

Lo que toleras. Hay cosas que ninguna relación debería incluir. Y hay otras que son incómodas pero normales. Distinguir unas de otras es importante, sobre todo si vienes de una historia donde lo dañino se normalizó.

La decisión. Si estás pensando en terminar, se trabaja con calma: qué esperas que cambie, qué has intentado, qué te asusta de irte y qué te asusta de quedarte. La decisión es tuya; el trabajo es que la tomes con los ojos abiertos.

Parejas atravesadas por la migración

En muchas parejas venezolanas la distancia es literal: uno se fue primero, el otro iba a llegar después, y el «después» se alargó. O se fueron juntos y en el país nuevo descubrieron que querían vidas distintas. O uno quiere volver y el otro no. Son situaciones con un peso propio que se tienen muy en cuenta.

Cuándo no es un problema de pareja

Si en tu relación hay violencia física, amenazas, control de tu dinero, de tu teléfono o de con quién te ves, no es un conflicto de pareja que se arregle hablando mejor. Es una situación de riesgo. Lo primero es tu seguridad: busca apoyo en personas de confianza y en los servicios de atención a la violencia de tu país, y llama al 911 si estás en peligro.

Preguntas frecuentes

¿Puede venir mi pareja también?

Las sesiones están pensadas para una persona. Si tu pareja quiere trabajar su parte, puede reservar su propia sesión.

¿Me vas a decir si tengo que terminar la relación?

No. Esa decisión es tuya. Lo que sí vas a tener es más claridad sobre lo que estás viviendo para decidir con criterio.

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