Si vives fuera de Venezuela

Terapia online para venezolanos en el exterior

Desde Bogotá, Lima, Madrid, Santiago, Buenos Aires o Miami. Con alguien que también se fue y sabe que irse no termina el día que llegas.

Teléfono apoyado en una taza durante una videollamada familiar, junto a una foto impresa sobre la mesa

Irse no termina el día que llegas

Hay una idea muy extendida de que emigrar es un momento: el aeropuerto, la maleta, el primer día en otro sitio. Pero quien lo ha vivido sabe que irse es un proceso que dura años. Se va haciendo en cada trámite, en cada cumpleaños que te pierdes, en cada vez que alguien te pregunta de dónde eres y tienes que decidir cuánto contar.

Muchas personas venezolanas fuera del país funcionan muy bien hacia afuera. Trabajan, estudian, mandan dinero, se adaptan. Y por dentro llevan años sin parar a mirar lo que perdieron, lo que dejaron a medias y lo que todavía cargan.

Lo que más se trabaja

  • [Duelo migratorio](/duelo-migratorio/). No es solo extrañar. Es perder un idioma cotidiano, una forma de reírse, un lugar en el mundo, y tener que construir otro sin saber si es para siempre.
  • La familia que se quedó. Padres que envejecen lejos, hermanos que cargan con todo, la llamada que temes recibir. Hay más sobre esto en cuidar a tus padres desde lejos.
  • El peso de ser quien manda dinero. Cuando tu sueldo sostiene a dos casas, cada gasto propio se vive con culpa. Lo explica cuando tu familia depende de lo que mandas.
  • La culpa. La de haberte ido, la de estar bien, la de no estar cuando hacía falta. Y a veces también la contraria: la de haberte quedado más tiempo del que querías.
  • Pareja y migración. Parejas donde uno quiere volver y el otro no, relaciones a distancia que se alargan, o la soledad de llegar a un sitio nuevo sin red.
  • Empezar de cero a los treinta, cuarenta o cincuenta. Títulos que no valen, trabajos por debajo de lo que sabías hacer, y la sensación de haber retrocedido.

Por qué con alguien que también emigró

No hace falta haber vivido lo mismo para acompañar bien. Pero ayuda no tener que explicarlo todo. Maryana es venezolana, vivió años en Argentina y ahora vive en España. Ha pasado por los trámites, por las primeras navidades lejos y por la extrañeza de volver de visita y sentirse de fuera en su propio país.

Eso no significa que tu historia sea la suya. Significa que cuando dices «mi mamá no quiere irse de la casa» o «no sé si vuelvo para diciembre», no hace falta traducir nada.

Cómo funciona desde fuera

La llamada es por WhatsApp, sin cámara, dura tres cuartos de hora y funciona igual en cualquier país. Se paga antes con tarjeta, en dólares; tu banco hace el cambio a tu moneda. Al terminar el pago ves cómo agendar, y se tiene en cuenta tu zona horaria.

Si tu familia está en Venezuela y alguien de allí quiere hacer una sesión, también puede pagar con Pago Móvil o Binance coordinándolo por WhatsApp.

Preguntas frecuentes

¿Desde qué países se puede hacer la sesión?

Desde cualquiera donde funcione WhatsApp. Hay personas que la hacen desde Colombia, Perú, Chile, Argentina, España, Estados Unidos o Canadá. Solo hay que acordar bien el horario.

¿Tiene sentido si me fui hace muchos años?

Sí. Muchas veces el duelo migratorio aparece tarde, cuando la vida ya está montada y por fin hay espacio para sentir lo que en su momento no se pudo. Un hijo, una pérdida o una visita al país suelen destaparlo.

¿Se puede trabajar la decisión de volver a Venezuela?

Sí, es uno de los temas que más llegan. No se trata de decirte si vuelvas o no, sino de ver con claridad qué esperas encontrar, qué te asusta y qué estás comparando realmente. Lo cuenta tomar decisiones difíciles.

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