Hay un momento, para muchas personas que viven fuera de Venezuela, en el que la preocupación por los padres cambia de tono. Ya no es solo extrañarlos. Es notar en una videollamada que tu papá repite las cosas, que tu mamá camina más despacio, que les cuesta entender el teléfono o que algo en su voz suena más frágil que hace un año. Y con eso llega una pregunta que no te deja dormir: ¿y ahora qué?
El miedo de fondo
Casi todo el que tiene padres mayores lejos vive con un miedo de fondo: la llamada. La que llega a una hora rara, la que empieza con «no te asustes, pero…». Ese miedo no se va del todo, y está bien reconocerlo. Lo que sí se puede hacer es evitar que gobierne todos tus días. Cuando no hay un plan, el miedo lo ocupa todo. Cuando hay un plan, por imperfecto que sea, el miedo tiene menos espacio.
Lo que se puede organizar
Saber qué pasa de verdad
Muchos padres mayores minimizan. No quieren preocupar, no quieren ser una carga, o no se dan cuenta de lo que les pasa. Por eso conviene tener más de una fuente: un vecino de confianza, un sobrino que vive cerca, el médico de cabecera si lo hay. No para vigilarlos, sino para no enterarte de las cosas cuando ya son graves.
Tener los papeles a mano
Una carpeta digital compartida con lo básico: cédulas, informes médicos, lista de medicamentos con sus dosis, contactos de médicos, datos del seguro si lo hay, claves que hagan falta. Parece frío, pero en una emergencia ahorra horas y discusiones.
Pensar quién está cerca
Si tienes hermanos en Venezuela, lo más probable es que el cuidado diario caiga sobre ellos. Si no hay nadie de la familia, hace falta una red: un vecino, una persona contratada, un amigo de la familia. Esto se piensa mejor antes de necesitarlo.
Hablar del futuro
Es una de las conversaciones más difíciles: qué pasa si ya no pueden vivir solos. ¿Se van con un hijo en Venezuela? ¿Se plantean emigrar ellos también? ¿Contratan ayuda en casa? No hay respuestas fáciles, y cada opción tiene un coste emocional y económico. Pero tener la conversación con tiempo, cuando todos están tranquilos, es mucho mejor que tenerla en medio de una crisis.
El reparto entre hermanos
Si hay algo que estropea relaciones familiares es el reparto del cuidado. El que está cerca siente que carga con todo y que los de fuera solo opinan. Los de fuera sienten que mandan dinero y que nunca es suficiente, y que se les excluye de las decisiones.
Algunas cosas que ayudan:
- Hacer visible lo que hace cada uno. No para competir, sino para que nadie sienta que su parte es invisible. Llevar al médico, mandar dinero, hacer gestiones online, llamar todos los días: todo cuenta.
- Separar opinión de decisión. Quien cuida en el día a día suele necesitar margen para decidir lo cotidiano sin consultar a cuatro personas. Las decisiones grandes se toman entre todos; las pequeñas, quien está.
- Acordar el dinero por escrito. Cuánto pone cada uno, para qué y cómo se rinden cuentas. Evita sospechas y reproches.
- Cuidar al que cuida. Si tu hermana está con tus padres, pregúntale cómo está ella. Mándale algo solo para ella. Ofrécete a cubrirla un tiempo si puedes viajar. El agotamiento del cuidador es real; hay más sobre esto en agotamiento de cuidar a todos.
Traerlos contigo
Muchas personas se plantean traer a sus padres al país donde viven. A veces es la mejor opción. Otras no lo es, y conviene pensarlo sin idealizar. Un padre de setenta y cinco años que deja su casa, sus amigos, su iglesia o su dominó de los sábados puede encontrarse muy solo en un apartamento de una ciudad desconocida, sin idioma, sin red y dependiendo por completo de ti. Hay que preguntarles qué quieren ellos, de verdad, y escuchar la respuesta aunque no sea la que esperabas.
La culpa que acompaña
Es casi imposible cuidar a distancia sin culpa. Por no estar, por no poder más, por enfadarte con ellos cuando no te hacen caso, por tener tu vida. Esa culpa es comprensible, pero no es una buena consejera: empuja a hacer de más, a prometer lo que no puedes cumplir y a descuidarte. Hay más sobre esto en la culpa de irte y la culpa de quedarte.
Lo que sí está en tu mano
No puedes evitar que tus padres envejezcan ni estar en dos sitios a la vez. Sí puedes estar presente de una forma sostenible: llamadas regulares que no dependan de que haya un problema, un plan básico para emergencias, una buena relación con quien cuida en el día a día y momentos para disfrutar de ellos, no solo para gestionarlos. Contarles cosas, pedirles una receta, preguntarles por su juventud. Eso también es cuidar.
Si esta situación te está quitando el sueño, si te enfrenta con tus hermanos o si te tiene dividida entre dos vidas, ponerlo en orden con alguien de fuera ayuda mucho. Es uno de los temas más habituales en las sesiones con venezolanos en el exterior.

Escrito por Maryana Morgado, que acompaña por llamada de WhatsApp a personas en Venezuela y a venezolanos repartidos por medio mundo.



