Diciembre en Venezuela tiene un sonido, un olor y un ritmo propios. Las gaitas desde octubre, la preparación de las hallacas en familia, el pan de jamón, los estrenos, el abrazo de las doce. Es un mes hecho para estar juntos. Y por eso mismo es el mes en el que más se nota quién no está.
Puede ser alguien que murió. Puede ser alguien que emigró. Puede ser que la que falta seas tú, que pasas la Navidad lejos por cuarto o quinto año seguido. En todos los casos hay una silla vacía, aunque nadie la nombre.
Por qué diciembre duele más
Las fechas señaladas funcionan como un espejo. Todo el año puedes estar ocupada, distraída, funcionando. Pero diciembre trae rituales que se hicieron con personas concretas, y cuando esas personas faltan, el ritual sin ellas se siente incompleto. Hacer las hallacas sin la abuela que dirigía la cocina. Brindar sin el papá que siempre daba el discurso. Hablar con tu familia por videollamada a la hora que en Venezuela es medianoche y donde tú estás ya es de madrugada.
Además, diciembre viene con presión de alegría. Todo invita a estar contento: los anuncios, los mensajes, las fotos de los demás. Si tú no lo estás, te sientes doblemente fuera de lugar.
Lo que no ayuda
- Fingir que no pasa nada. Las familias a veces deciden no nombrar al que falta «para no amargar la fiesta». El resultado suele ser una tensión que todos notan y nadie dice.
- Cancelarlo todo. Encerrarse puede parecer protector, pero suele dejar una sensación de vacío aún mayor.
- Hacerlo todo igual que siempre, como si nada hubiera cambiado. La comparación con «cómo era antes» hace más visible la ausencia.
- Exigirte estar bien. No tienes que estar bien. Tienes que atravesarlo de la forma menos dañina posible.
Algunas ideas que sí ayudan
Nombrar a quien falta
Un brindis, una vela, una foto en la mesa, una anécdota contada en voz alta. Nombrar a quien no está le da un lugar en la celebración en vez de dejarlo como un hueco. Mucha gente se sorprende de lo que alivia.
Mantener algunos rituales y cambiar otros
No hay que elegir entre hacerlo todo igual o no hacer nada. Se puede conservar lo que te une a esa persona, como su receta de hallacas, y cambiar lo que duele demasiado, como el lugar de la cena o la hora.
Planificar con antelación
Decidir antes cómo quieres pasar los días clave evita que te agarren por sorpresa. ¿Con quién? ¿Dónde? ¿Cuánto tiempo? ¿Qué harás si en algún momento necesitas retirarte? Tener un plan da sensación de control en medio de la emoción.
Si estás lejos
Para quien pasa diciembre fuera de Venezuela, ayuda crear rituales propios en el lugar donde vives. Juntarte con otros venezolanos, hacer hallacas aunque los ingredientes no sean los mismos, poner las gaitas, invitar a amigos locales a conocer tus costumbres. No sustituye a la familia, pero te recuerda que tus raíces viajan contigo.
Y con la familia, una videollamada bien pensada vale más que una conexión de horas llena de interrupciones. Quizás una hora acordada, con todos presentes, un brindis compartido y espacio para hablar de verdad.
Si estás en Venezuela y faltan los que se fueron
La casa a la que ya no llegan todos también necesita cuidado. Quien se quedó suele organizar la celebración y sostener el ánimo de los demás. Tiene derecho a sentir la ausencia y a pedir que alguien más se ocupe de algo este año.
Darte permiso para sentir
Puedes reírte en la cena y llorar después. Puedes disfrutar de un momento y extrañar en el siguiente. Las emociones de diciembre suelen venir mezcladas, y no tienes que elegir una.
Después de las fiestas
Enero suele traer su propio bajón: la casa en silencio, los que volvieron a sus países, la rutina que se reanuda. Es normal. Si notas que la tristeza de diciembre se alarga semanas y no da tregua, puede ser un duelo que pide más atención. Hay más sobre esto en duelo y en duelo migratorio.
Preparar diciembre con tiempo es una de las cosas que mejor funcionan. Una sesión en noviembre para pensar cómo quieres vivirlo, qué quieres conservar y qué puedes soltar, puede cambiar mucho la forma en que lo atraviesas.

Escrito por Maryana Morgado, que acompaña por llamada de WhatsApp a personas en Venezuela y a venezolanos repartidos por medio mundo.



