Lo planificaste durante meses. Ahorraste, compraste regalos, hiciste la lista de lo que querías comer y de las personas que querías ver. Te imaginaste llegando, el abrazo en el aeropuerto, la casa de tu mamá con el mismo olor de siempre. Y llegaste. Y fue bonito. Pero a los pocos días algo empezó a no encajar.
Tu calle es la misma pero parece otra. Tus amigos están, pero hablan de cosas que no conoces. Tu familia te recibe con cariño, y aun así te sientes de visita en tu propia casa. Te sorprendes comparando precios, horarios, maneras de hacer las cosas. Y te sientes culpable por compararlas.
Si te ha pasado, no estás sola ni hay nada raro en ti. Es una de las experiencias más comunes y menos habladas de la migración.
Por qué pasa
Tú cambiaste. Vivir en otro país te transforma de maneras que no notas en el día a día. Cambian tus horarios, tu forma de hablar, lo que consideras normal, tus expectativas. Al volver, chocas con la versión de ti que se quedó en la memoria de los demás, y con la que se quedó en la tuya.
El país cambió. También sin ti. Hay sitios que cerraron, gente que se fue, costumbres nuevas, otra manera de resolver la vida. Tu recuerdo estaba congelado en el momento en que te fuiste, y la realidad siguió moviéndose.
Tu familia se reorganizó. En tu ausencia, alguien ocupó tu lugar en ciertas cosas. Otro hermano lleva ahora a tus padres al médico, tu sobrino creció y tiene su vida, tu mamá se acostumbró a una rutina en la que tú no estás. No es rechazo: es lo que pasa cuando alguien falta durante años.
La visita tiene demasiada presión. Pocos días, muchas expectativas. Todo el mundo quiere verte, hay comidas y reuniones constantes, y no queda espacio para estar simplemente. Además, todos esperan que lo pases bien, y tú también lo esperas, lo cual hace más difícil admitir que algo duele.
Lo que se mezcla
Una visita de vuelta suele despertar emociones contradictorias, y todas son válidas:
- Alegría de ver a los tuyos y tristeza de ver cómo han envejecido.
- Alivio de estar en lo conocido y extrañeza de no encajar del todo.
- Ganas de quedarte y ganas de volver a tu vida de fuera.
- Culpa por las comparaciones y rabia por lo que se perdió.
- Orgullo por lo que construiste y vergüenza de que se note.
Es muy común que al terminar el viaje haya una especie de bajón: en el avión de vuelta, o los primeros días después. Es el duelo migratorio reactivándose, y suele pasar. Hay más sobre esto en duelo migratorio.
Cómo vivirlo con menos choque
Ajusta expectativas antes de ir. No va a ser como antes. Decírtelo de antemano no quita la emoción, pero reduce la decepción.
Deja huecos en la agenda. No llenes cada día de visitas. Reserva momentos para estar con tu familia sin hacer nada especial, o para caminar sola por tu barrio. Es en esos ratos donde se reconecta de verdad.
Pregunta más y explica menos. Tu familia también ha vivido muchas cosas mientras no estabas. Interésate por su vida de ahora, no solo por la que recuerdas. Y no sientas que tienes que justificar tu vida de fuera.
Nombra lo que sientes, con alguien. Puede ser una hermana, una amiga de siempre o tu pareja. Decir «me está costando más de lo que pensaba» alivia mucho más que fingir que todo está perfecto.
Prepara la vuelta. Date un par de días suaves al regresar a tu país de residencia. No vuelvas directamente al trabajo si puedes evitarlo.
Si estás pensando en volver para quedarte
Una visita que remueve mucho a veces abre la pregunta de volver a vivir en Venezuela. Es una decisión grande, y la experiencia de una visita corta no es la misma que la de vivir allí de nuevo. Conviene pensarlo con calma, con información concreta y sin dejarse llevar solo por la nostalgia ni solo por el miedo. Hay ideas para hacerlo en tomar decisiones difíciles.
Dos sitios a la vez
Con los años, muchas personas venezolanas fuera dejan de sentir que tienen que elegir entre un lugar y otro. Aceptan que son de los dos, y de ninguno del todo, y que eso no es una pérdida sino otra forma de pertenecer. Llegar a esa paz no es automático. Suele hacer falta atravesar el duelo, dejar de idealizar y construir raíces donde vives sin arrancar las de allá. Es un trabajo que se hace mejor acompañado, y es justo lo que se trabaja con venezolanos en el exterior.

Escrito por Maryana Morgado, que acompaña por llamada de WhatsApp a personas en Venezuela y a venezolanos repartidos por medio mundo.



