Contigo

Vivir con incertidumbre sin que te gobierne

Por Maryana Morgado · · 3 min de lectura

Escritorio con un vaso de café frío y un portátil cerrado frente a una ventana con vista a la ciudad al atardecer

Si vives en Venezuela, o tienes a tu familia allí, sabes lo que es planificar sin saber. No sabes cuánto va a costar algo el mes que viene, si el trabajo va a seguir, si habrá luz mañana, si el trámite saldrá, si alguien de la familia va a necesitar ayuda de golpe. La incertidumbre no es una situación excepcional: es el clima en el que se vive.

La mente humana no está hecha para eso. Ante lo incierto, busca control: anticipa, calcula, repasa escenarios, vigila. Durante un tiempo funciona. A la larga, agota.

Cómo se nota

La incertidumbre sostenida suele tener efectos que no siempre se relacionan con ella:

  • Dificultad para dormir, o sueño que no descansa.
  • Irritabilidad con las personas cercanas.
  • Necesidad de revisar constantemente noticias, mensajes o precios.
  • Sensación de que no puedes disfrutar de nada porque «algo puede pasar».
  • Postergar decisiones esperando a que las cosas estén más claras, aunque nunca lo estén.
  • Cansancio físico sin explicación evidente.

No es debilidad. Es el resultado de un sistema de alarma que lleva demasiado tiempo encendido.

Lo que no funciona

Intentar saberlo todo. Leer más noticias, consultar más fuentes, hacer más cálculos. La información da una sensación momentánea de control, pero cuando lo que temes no depende de ti, saber más no lo cambia y solo alimenta la preocupación.

Esperar a que pase. Muchas personas ponen su vida en pausa hasta que «se aclare la situación». En contextos de incertidumbre larga, esa espera se convierte en años de vida aplazada.

Fingir que no pasa nada. Negar la incertidumbre también cuesta energía, y la tensión acaba saliendo por otro sitio.

Lo que ayuda

Dos columnas: lo tuyo y lo que no

Es la idea más vieja y más útil. Toma una hoja (o el teléfono) y escribe dos columnas. En una, lo que te preocupa y no puedes cambiar: la economía, las decisiones de otros, el futuro del país. En otra, lo que sí está en tu mano: cómo gastas, a quién pides ayuda, qué haces esta semana, cómo cuidas tu cuerpo. La energía va a la segunda columna. Hay un artículo entero sobre esto en qué depende de ti y qué no.

Planificar en tramos cortos

Cuando el largo plazo es imposible de prever, el corto plazo sigue siendo manejable. ¿Qué necesitas resolver esta semana? ¿Y este mes? Los planes cortos dan sensación de avance sin exigirte una certeza que no existe.

Tener un plan B sencillo

No se trata de prever todos los escenarios, sino de tener respuesta para dos o tres: qué haces si se va la luz un día entero, si un familiar enferma, si pierdes un ingreso. Saber que tienes una respuesta básica baja mucho la alarma.

Limitar la vigilancia

Elegir momentos concretos del día para mirar noticias y mensajes, en vez de hacerlo constantemente. No es desentenderte: es evitar que la información te interrumpa cada diez minutos.

Anclarte en lo que sí es estable

Aunque todo cambie, hay cosas que se mantienen: tus relaciones importantes, algunas rutinas, tus valores, lugares que te calman. Prestarles atención a propósito da suelo cuando todo lo demás se mueve.

Observar los pensamientos sin seguirlos

La preocupación tiene un estilo reconocible: «¿y si…?». Aprender a notar esa voz y no seguir cada pensamiento hasta el final es una habilidad que se entrena. Lo cuenta observar un pensamiento no significa creerlo.

Vivir a pesar de no saber

Nadie vive con certeza absoluta, en ningún país. Lo que cambia en contextos como el venezolano es la intensidad. Y aun así, mucha gente construye vidas con sentido en medio de lo incierto: se enamora, cría hijos, emprende, cuida, celebra. No porque haya dejado de preocuparse, sino porque ha aprendido a no dejar que la preocupación decida por ella.

Si sientes que la incertidumbre te está quitando más de lo que puedes sostener, si no duermes o si llevas meses en pausa, conviene hablarlo. A veces ordenar lo que depende de ti con alguien de fuera es lo que permite volver a moverse. Y si la ansiedad no te deja funcionar, busca también a un profesional de la salud; hay más sobre esto en ansiedad y estrés.

Maryana Morgado

Escrito por Maryana Morgado, que acompaña por llamada de WhatsApp a personas en Venezuela y a venezolanos repartidos por medio mundo.

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