Las decisiones que más llegan
- Emigrar o quedarse en Venezuela.
- Volver a Venezuela después de años fuera, o traer a los padres.
- Seguir con una pareja o terminar.
- Cambiar de trabajo, de carrera o emprender.
- Tener hijos o no, y cuándo.
- Mudarse con alguien, casarse, separarse.
- Cómo repartir el cuidado de un familiar mayor.
Todas tienen algo en común: son decisiones donde no hay una opción claramente correcta, y donde cualquier elección implica renunciar a algo.
Por qué cuesta tanto
Las decisiones difíciles no paralizan por falta de datos. Paralizan porque cada opción toca algo importante. Quedarte puede significar seguridad y estancamiento a la vez. Irte puede significar libertad y soledad. Mientras no decides, conservas en la imaginación las dos posibilidades. Decidir es perder una.
Además, muchas decisiones se toman con voces ajenas en la cabeza: lo que esperaría tu madre, lo que diría la familia, lo que hizo tu hermano. Distinguir tu deseo del encargo que te hicieron otros suele ser lo más importante del trabajo.
Qué se trabaja
Poner las opciones sobre la mesa. Todas, incluidas las que descartaste antes de pensarlas. A veces la opción más razonable es una tercera vía que no estaba en la lista.
Ver qué pesa en cada lado. No con una lista de ventajas e inconvenientes, que suele quedar empatada, sino preguntando qué valor está detrás de cada opción: seguridad, libertad, pertenencia, crecimiento, lealtad.
Separar el miedo de la intuición. Los dos se sienten parecido en el cuerpo, pero no dicen lo mismo. Se trabaja en distinguirlos. Hay más en miedo a equivocarte al decidir.
Imaginar el día después. Cómo sería tu vida un martes cualquiera dentro de un año con cada opción. Lo cotidiano dice más que las grandes ideas.
Decidir cuánto es suficiente. Ninguna decisión importante llega con certeza absoluta. Se trabaja en reconocer cuándo ya tienes la información suficiente y lo que falta es valor, no datos.
Lo que no se hace
No se decide por ti. Ni Maryana ni nadie puede saber qué es lo correcto en tu vida. Lo que sí puede hacer una buena conversación es quitar ruido para que la decisión que tomes sea de verdad tuya.
Preguntas frecuentes
¿Una sola sesión basta para decidir?
Muchas veces sí, sobre todo si la decisión ya estaba casi tomada y faltaba ordenarla. Si la duda viene de algo más profundo, puede necesitar más tiempo.
¿Y si me equivoco?
Es posible. Pero una decisión tomada con claridad, aunque salga mal, se lleva mucho mejor que una tomada a ciegas o dejada en manos de otros. Y casi ninguna decisión es irreversible del todo.



